Ghosting y aplicaciones de citas

¿Y si nos juntamos en tu casa?

Rayén Milán Lectura: 4 min
Mujer mirando su teléfono mientras un hombre entra sin invitación

El mercado de las aplicaciones de citas se convirtió en una liquidación de segunda o tercera selección, donde abundan especímenes que pretenden camuflar su tacañería bajo el disfraz de la liberación femenina. Es decir, se excusan en la modernidad para no tener que destinar presupuesto en la conquista.

Porque si creías que lo habías visto todo con los ghosteadores, significa que no te has topado con el autoinvitado. Ese patudo que, tras líneas de chat ordinario por WhatsApp, te lanza con total descaro un: "¿Y si nos juntamos en tu depa? Así estamos más cómodos, yo llevo el vino." O peor aún: "Me cocinas algo rico."

¡Qué tipo más tierno y considerado! No quiere que salgas de tu casa a pasar frío, por eso te propone la cita en la comodidad de tu hogar, vendiéndote esa locación como el lugar perfectamente romántico para un primer encuentro.

El problema es que, si el galancete te pilla muy necesitada de afecto o deseosa de tener pareja, podrías considerar su alternativa como una opción válida. Como no eres desconfiada, quizá ni se te pase por la mente que lo que realmente busca es ahorrarse dinero y tener sexo rápido.

Y eso, en el mejor de los casos... porque también hay tipos de dudosas intenciones que buscan inmiscuirse en tu intimidad para conocer tus puntos más vulnerables y luego aprovecharse de tu ingenuidad.

Tal vez en este momento estés pensando: "Uy, qué desconfiada es Rayén..." Y tienes razón, amiga querida. Porque no están los tiempos para idealizar, y mucho menos para ponerte en riesgo solo porque te duele la soledad.

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Tu casa no es una cafetería de bajo presupuesto

Cuando el chico simpático de Tinder, ese con el que vienes chateando hace un par de días, te sugiera tener la primera cita en tu lugar de residencia, recuerda lo siguiente: tu casa es un templo. El refugio de tus secretos, un espacio sagrado donde guardas tus tesoros, tus recuerdos y también tus tarjetas de crédito.

Cosas demasiado valiosas como para exponerlas sin evidencia alguna de que la persona que estás dejando entrar realmente tiene buenas intenciones contigo. Tu casa no es un hotel gratuito ni tampoco la cafetería de bajo presupuesto donde se tienen citas con alguien que no desea gastar.

Y ojo, que con lo anterior no estoy diciendo que un prospecto de Tinder deba invitarte a cenar a un hotel cinco estrellas en la primera cita para demostrar interés real. Simplemente, que seas más reflexiva y no permitas que tu necesidad afectiva te nuble la razón.

Porque la pregunta que deberías hacerte es por qué a ti te pareció razonable abrir la puerta antes de tener la mínima certeza de que valía la pena hacerlo. Si él es buena persona viene después. Esa es la pregunta que incomoda. Y también la que más importa.

Cuando abras la puerta de tu casa, que sea porque esa persona se ganó el derecho de entrar en ella.

Preguntas que quizás deberías hacerte

¿Cuántas veces has aceptado una propuesta que no te convencía solo porque te parecía más fácil que decir que no?

¿Qué tan seguido confundes "no ser desconfiada" con ignorar señales que ya te están diciendo algo?

¿Le abrirías la puerta de tu casa a alguien que acabas de conocer si no te doliera tanto la soledad?

¿Cuándo fue la última vez que pusiste un límite antes de que el daño ya estuviera hecho?

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