Es difícil atribuir una mayor o menor relevancia a la figura de padre o madre, ya que ambos son necesarios para el desarrollo evolutivo del hijo.
Sin embargo, ambos roles otorgan atributos diferentes, siendo de la madre, la ternura, el afecto y la contención las más importantes en la etapa temprana.
En complemento, el padre representa la autoridad, seguridad y protección, hace que el hijo adquiera confianza para desarrollarse en el tiempo.
En la etapa de la infancia, se dan las bases para estructurar la personalidad, en donde es necesario que exista preocupación de la cobertura de las necesidades básicas del niño. Si no están debidamente satisfechas, dichas carencias se van a materializar en el futuro como consecuencia de haber crecido sin uno de los padres.
La figura paterna tiene el rol del destete.
De arrancar al hijo de los brazos de la madre (en términos positivos) con el fin de que explore sus propios mecanismos de supervivencia.
Es el que vigila y corrige; quien brinda seguridad en un marco de acompañamiento, no de sobreprotección; quien en complemento con el amor y ternura de la madre, otorga una estructura y dinamismo en ella, siento estos aspectos claves en un desarrollo integral.
¿Qué pasa cuando los padres abandonan al hijo? ¿Cuándo mueren? ¿Cuándo están emocionalmente ausentes?
Pasa que la madre se queda con la responsabilidad de asumir ambos roles, con el fin de proveer todas las necesidades de ese hijo como si fuera dos figuras en una. Se hace lo que se puede con lo que se tiene y, aunque algunas se hipotecan por compensar la falta del padre, los vacíos y desatención que en ella se producen por eso, también repercuten en el hijo.
Las señales más claras de abandono paterno se dan en la primera infancia con un deterioro en el rendimiento académico y en la afección de las funciones cognitivas; es decir, cuesta más aprender.

Se presentan problemas en el desarrollo de la identidad propia.
Ya de adolescente, pueden aparecer conductas oposicionistas y defensivas hacia toda figura de autoridad y, con ello, el establecimiento de relaciones con grupos de referencia en conflicto, es como si se sintieran atraídos por personas con vacíos comunes y juntas evaden con trasnoche, droga y alcohol.
Muchas madres se preguntan, “¿por qué mi hijo siempre se encuentra con personas que lo mal influencian?”
Y la respuesta es que la carencia atrae lo mismo, una persona insatisfecha busca un igual para sentirse menos raro, y en la adolescencia, eso se hace latente.
Ya de adulto y con todos esos tanques vacíos, se aprende a vivir de modo consciente, sin embargo, como esa es la punta del iceberg, todas las trancas de nuestro mundo interno se materializan en actitudes y comportamientos que afectan nuestras relaciones, y mucho más a las de pareja, ya que en ellas se busca aquello que falta, por eso, si no se encuentra, existe una sensación de fracaso.
Las personas para crecer sanas requieren un amor complejo que deben proporcionar ambos padres en complemento:

1.Cognitivo: la capacidad de procesar información de lo que vemos y conocemos, la cual va a ser influido por el reconocimiento y valoración recibida por los padres en la primera infancia.
Si se carece de eso, la probabilidad de percibir el mundo desde lo negativo y con un bajo autoconcepto personal, es mayor.
2. Emocional: Es el amor, la ternura, la cobertura de necesidades afectivas, del tocar y sentir.
Cuando esto falta, las personas crecen desconectadas de sus emociones y les cuesta mucho establecer vínculos con los demás.
3. Seguridad: Cobertura de necesidades básicas, normas, disciplina, estructura y acompañamiento. Es el saber que siempre hay alguien ahí para todo lo bueno y malo que pueda pasar.
Fortalece los mecanismos de resiliencia, confianza, y potencia el motor propio interno con el fin de buscar soluciones

Como se analiza en este texto, ambas figuras proporcionan elementos de amor necesario para un desarrollo sano y funcional, cuando eso no se recibe en las proporciones adecuadas, hay que hacer un trabajo personal para llenar los tanques que los padres dejaron vacíos.
Y eso es, una tarea muy, muy compleja, pero posible.

Si tú eres madre y te encuentras en ésta situación, no pretendas convertirte en padre, sino, intenta ser la mejor madre que puedas velando siempre por hacer que ese hijo reconozca de sí, todas sus fortalezas para que crezca con herramientas que le permitan sobrellevar la ausencia; finalmente, ese será su propio proceso y hoy a ti sólo te toca darle confianza y seguridad en sí mismo para que aprenda a vivir sin padre, dándole la vuelta a eso.
Hay quienes son huérfanos y se convierten en personas grandiosas para el mundo, felices y seguras porque que aprendieron que una vez ya grandes, son dueñas de su propio destino.

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